Rch| Ensayo sobre los documentales de hijos de desaparecidos

 

 

 

 

 

 

 

Duelo en video

 

PAPÁ IVÁN, DE MARÍA INÉS ROQUÉ (2000), LOS RUBIOS DE ALBERTINA CARRI (2003) Y M DE NICOLÁS PRIVIDERA (2007). ¿QUÉ RELACIÓN ESTABLECEN ESAS OBRAS CON LA MILITANCIA Y LA VIDA DE SUS PADRES? ¿CÓMO ARTICULAN LO ÍNTIMO Y LO PÚBLICO? ¿ES POSIBLE UN CIERRE, UN DUELO, A PARTIR DE ELLAS?

   

 

    POR GERMÁN SCELSO

Duelo es un ritual, una especie de ritual de la lluvia en donde en vez de esperar que algo comience, se espera que algo termine. Video es un soporte de registro electrónico, virtual. En el año 2000 aparecía un video documental hecho por una hija, sobre su padre, Papá Iván, de María Inés Roqué, e inauguraba así un subgénero de documental político: el hecho por los hijos de desaparecidos. Albertina Carri continuó con Los Rubios (2003) y la siguió Nicolás Prividera con M (2007).

No es sólo el cuerpo desaparecido el que crea un abismo entre generación y generación, entre padres e hijos, sino también el movimiento revolucionario desaparecido, la pretendida revolución, desaparecida. Precisamente aquello que fue lo que los padres antepusieron frente a sus hijos en medio del peligro de la guerra, es lo que no puede reintegrarse en el presente, y abre un vacío, un sinsentido peor que la ausencia del cuerpo. Este sinsentido deja una herida abierta y la búsqueda de un duelo se vuelve algo interminable.

El formato panfletario de la política

Los primeros que pusieron en la escena pública la condición de hijo de desaparecido fueron los que en la primera mitad de los años 90, en un campamento cordobés, se organizaron y crearon lo que sería hasta el día de hoy H.I.J.O.S. (1) La evidente mímesis con la estética y el discurso de los padres sellaba el abismo que los separaba y creaba una fuerza identitaria poderosa que renovó energías en las organizaciones de derechos humanos. Recién cumplidos los veinte años, los hijos de desaparecidos organizados, encontraron en el reclamo social el lugar que la opinión pública y la oficialidad de la historia les había vedado. A medida que fueron teniendo presencia en la escena política, se convertían en un ícono, y todos aquellos que no respondían a las características específicas de este ícono, no participaban del proceso de unión generacional que lograban los H.I.J.O.S. Gracias a esta tensión entre unos y otros, gracias a la exuberancia de identidad que consiguieron, pudo nacer en el resto la necesidad de expresarse de otra manera.

De este grupo no oficializado se desprende el video de María Inés Roqué, que no siente empatía por el ideal de muerte de su padre, y lo investiga, lo cuestiona y lo incomoda preguntando con el derecho de una hija sufriendo abandono. Busca entender por qué el padre no la eligió a ella en vez de a la revolución. Es decir, no logra la continuidad generacional que los H.I.J.O.S. han encontrado para sí mismos.

Diario íntimo publicado para exhibir el dolor

Ante la imposibilidad de exponer su voz en el formato panfletario de la política, Roqué utiliza el formato video por su posibilidad de intimidad, de diario íntimo y público al mismo tiempo, precisamente, los dos puntos que se acentúan en las historias de los hijos de desaparecidos.

En el final, Roqué lee una carta de su padre. Las cartas que los revolucionarios dejaron a sus hijos, además de amorosas, son explicativas; explican cuáles son las convicciones que los hicieron abandonar sus vidas cotidianas de padres. Roqué expone el vacío que se abre entre frases que hablan de sacrificio revolucionario y su deseo de un padre común y corriente. La posibilidad de una unión generacional se hace más lejana y el duelo es difícil. A veces, la ausencia de una razón comprensible para los hijos desde el presente, convierte a la inmolación del revolucionario en un mero suicidio, en una desacreditación del mundo en general, incluso del mismo hijo. Papá Iván tiene un carácter infantil a la hora de hacer un epílogo. En el epílogo Roqué llora y recita un texto en primera persona que exhibe su tristeza como la exhibe un niño, que no llora porque esté triste sino que llora para informar (2).

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