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Columpio, criptonita y humor cristiano

PALOMA ARMENDÁRIZ

Susto. Vértigo. Durante toda la función de El Evangelio según Clark, el espectador teme que uno de los tres columpios vaya a dar contra la frente de Lex Lutor/Judas, Jesús, Luisa/María Magdalena/Clark o Superman.

Pero esto, por fortuna, no ocurre. Once meses duró la preparación física de los actores. Mástil chino, trapecio circense, pulsadas y prácticamente cualquier arte físico que les permitiese dominar un elemento, que según palabras del director (que además de ser el dramaturgo también es Lex Lutor/Judas): “posee las dimensiones que tendría un dinosaurio pequeño y contiene, en su inestabilidad, la misma ferocidad contenida”.

Y sí, no se puede hablar de este montaje sin hablar principalmente de la estructura del columpio, porque ella lo contiene todo. Como personaje y escenario en el que se desarrolla la historia. Y como elemento: es cama, es ático, es máquina de escribir, es lugar de crucifixión.

Luisa Lane entra al departamento de Clark. Quiere descubrir su verdadera personalidad y cree que en el ático puede encontrar alguna pista, pero una máquina de escribir le da en la cabeza y la mata. Clark, convertido en Superman, tiene una idea que la salvará: correr velozmente alrededor del planeta para lograr que el mundo dé marcha atrás y, así, evitar el suceso. Pero, cuando se detiene, se encuentra en el día en que Jesús arroja a los vendedores del templo.

Y ese momento es el primero en el que el neoliberalismo y el socialismo, por ejemplo, aparecen en escena. Pasa que, en medio de una fuerte presencia estética del cómic, ideologías políticas, sistemas económicos, el yo, el super yo, el ello, el otro, los tabúes sexuales y, claro, la historia oficial del evangelio, se cruzarán y enfrentarán en forma desopilante para, además, nunca dejarnos claro si Luisa Lane vuelve a la vida y si la resurrección de Jesús es tal, porque además, Superman calcina el cadáver de Jesús.

El extrañamiento brechtiano y el simbolismo son constantes. Hay fabulosos momentos como cuando –a lo Monty Python en la Vida de Brian- los actores invitan, con pelotas, al público a arrojar “piedras” a la prostituta. Cuando los personajes, cansados de tanto esfuerzo físico, terminan de contar la historia. Cuando, en una brillante muestra de rigor corporal, el personaje de María Magdalena (el mismo actor, en un sorprendente trabajo, también encarna a Luisa y Clark) sube al techo del columpio, un delgado tubo de metal, en tacos altos, y no sólo lo recorre sino que se inclina para que le enciendan un cigarrillo. O cuando, en medio de fuego, un Jesús emerge del subsuelo con una guitarra acústica, a lo Bob Dylan.

Lo triste es que en México, con sus más de 240 millones de habitantes, pocos van al teatro.

 

Superman: Mauricio E. Galaz. Jesucristo: Marco Aurelio Nava. Clark/Luisa/Magdalena: Carlos Valencia. Lutor/Judas: Richard Viqueira. Autoría, espacio escénico y dirección: Richard Viqueira. Compañía Kraken Teatro. El espectáculo sigue en cartelera: Teatro Helénico (Centro Cultural Helénico) Av. Revolución 1500 Colonia Guadalupe Inn México DF. Miércoles 20:30. 150 $

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