RCh|Cine al patio

 

 

Ver una película o vivirla

 

 

CRÓNICA DE LA PROYECCIÓN DE 'bOWLING FOR COLUMBINE' EN UNA CÁRCEL COLOMBIANA. DE UN LADO, LA ATENCIÓN PUESTA EN LA LOCURA BELICISTA DE LOS NORTEAMERICANOS MOSTRADA POR MICHAEL MOORE; DEL OTRO, TRES INTERNOS QUE INTENTAN FUGARSE.

 

POR JUAN DIEGO GRAJALES OLAYA

Con el cine a veces pasa como con el sexo; son muchas las personas que, ligadas a las convencionalidades y a la monotonía, sólo se permiten vivir la experiencia atados a los cánones sociales que los llevan, bien sea siempre a la misma cama siempre (para lo sexual), a una sala comercial o a su propio living (para el cine), dejando así que esta experiencia social se vuelva vivencia repetitiva y pobre, sin ningún tipo de variedad. Pensando en esto en algunos momentos me gusta preguntarle a la gente ¿cuál ha sido el lugar más raro donde ha tenido la experiencia…?

De mi parte quiero compartir con quien quiera seguir estas líneas la vivencia de estar en cine en una cárcel colombiana, en el patio de las personas presas por delitos sexuales.

La proyección fue en un corredor frío. Con la ayuda de algunos internos se convirtió en una sala de cine, algunas sillas puestas en filas, telones en las ventanas para que no entrara mucha luz, un reproductor de DVD, un proyector prestado y una tela pegada en una pared hacía las veces de pantalla. La película escogida fue el premiado documental de 2002, dirigido por Michael Moore Bowling for Columbine. Eran las 13 horas y debo reconocer que la tensión de la pantalla poco a poco se fue trasladando al patio.

Ahora pensando en ese momento lo represento como un movimiento de travelling, de esos en los cuales la cámara se desplaza, atraviesa un muro mostrándonos lo que está pasando al otro lado de la pared. Justo en ese mismo instante cuando de un lado veíamos la locura belicista de los gringos, del otro lado de la tapia, en el patio contiguo, en el de máxima seguridad, tres internos armados de una cuerda de guitarra, convertida en sierra, cortaban una par de barrotes que los separaban de una terraza que les abría el camino a la libertad negada. Bowling for Columbine proyectado en un lado, al otro “Fuga de Alcatraz” en vivo.

Los espectadores muy atentos a la pantalla y aún ajenos a lo que pasaba a pocos metros en el otro patio, comenzaron a escuchar como esa narración violenta que desarrollaba Moore en su documental poco a poco se hizo dueña del lugar; los tiros de fusil de la película comenzaron a confundirse con los de los guardias que se avivaron por la fuga en proceso. De inmediato el penal se volvió hermético, todas las puertas se cerraron y el resto de presos fueron confinados a los corredores y a las celdas. Como algo especial la comunión con la película que se estaba proyectando nunca paró.

En un momento de duda el operador del proyector intentó apagar todo y huir del lugar antes de ser confundido con uno más de los internos, el caos en aumento mágicamente sólo tenía sosiego en la experiencia del cine. Mientras, Moore seguía contando cómo Eric y Dylan, dos jovencitos de Columbine, Colorado, se hicieron de un arsenal y crearon una de las mayores masacres escolares del las que tenga memoria la nación estadounidense yel público no dejaba de mirar atónito la pantalla. Al mismo tiempo, en los predios de la cárcel la guardia penitenciaria armada hasta los dientes trataba de evitar a punta de tiros que la fuga se consumara.

El saldo final de este lado fue: un interno en fuga, dos reos prófugos recapturados, ambos heridos de bala. Por otra parte, aún por encima de todo esto y a pesar de las circunstancias adversas un conversatorio final para cerrar la experiencia de ver cine, un foro en el que los presos desfogan y comparten con sus pares ese momento orgásmico de la película se dio. Quedará para todos los que fuimos parte de esta experiencia la duda, ¿fue más cinematográfico y violento lo de la pantalla o lo del otro lado de la pared?

 
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