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No sé bien qué es morboso y qué no lo es. Pero el primer tema del disco de Kid A para mí es morboso. Y si sigo mi línea de pensamiento, entonces yo soy perverso. Porque a los perversos, les gusta lo morboso. Y Everything in its right place es un cuadro sonoro morboso, espléndido, sugestivo. Si Francis Bacon hubiera hecho música, su canción sería ésta. Lo sostengo ante cualquiera que se pare delante de mío.¿Quién canta en Everything? Thom Yorke, seguro que no. Es decir, no canta nadie, no hay personas, o si se quiere, hay personas detrás de un vidrio empañado. Por eso también se ha sostenido que Kid A es uno de los pocos discos totalmente artísticos con destino paradójico de la industria musical: originado en el anti-ego, se convirtió en el superchico. Fue hecho para borrarse, y terminó siendo un Grammy más en las vitrinas de Emi.

Los Radiohead venían del gran polvo que fue Ok computer, que sobreexpuso las frágiles personalidades de sus integrantes a una mirada babosa por parte de la prensa, y prácticamente desaparecieron en ésta obra: No estoy allí, éste no soy yo. El artista desaparece detrás de su obra. No me busquen a mí, busquen mi disco. Un disco que derrama el inconsciente creativo de Yorke y sus marineros musicales, fieles seguidores del rumbo aunque el capitán encare para el abismo. Pero allá van, porque el abismo es la tierra donde está el tesoro de Radiohead: belleza y contaminación, armonía y sedimentación sonora, Can y Mingus. Nick Drake convertido por un ingeniero electrónico a la secta “sonemos como si la infraestructura fuera a colapsar”. De hecho, texturas, volumen y manipulación sonora del disco son como una cuerda tensada al máximo con pequeñas y mínimas vibraciones que sobresalen. Tensión que no mengua ni aún en sus temas más serenos (Treefingers o Motion Picture soundtrack).Todo sonido que surge de los parlantes está como en carne viva. Colocados o no, los oyentes viajan. Por el poder de Godrich.
Kid A, como se supone que se llamaría el primer bebé humano clonado, es el título del disco que salió en octubre de 2000. Por lo tanto, un disco oportuno como pocos; resultado del ADN de experimentaciones musicales que se venían realizando en el pop-rock under, el kraut y en la música clásica contemporánea desde fines de los '50, que los ingleses aprovecharon para subir al espacio apoyados por su compañía discográfica gracias al increíble volumen de ventas de su trabajo anterior, respaldo necesario para dejar que los chicos jugaran a lo que quisieran.
Y así lo hicieron, calándose hondo bajo el gong de la campana del mañana.
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