Debo advertir que el siguiente texto se basa en “me gustó, no me gustó, me gustó porque está bien hecha, me gustó pero está muy mal hecha; o, no me gustó pero está bien hecha”. Esta última consigna de crítica –que descaradamente plagie a Chéjov en cuanto se refirió a los criticones- puede resumir la puesta en escena de Luciano Suardi sobre las Tres Hermanas.
Para 1901, Las tres hermanas ya fue escrita por Anton Chéjov y representada bajo la dirección de Constantin Stanislavsky. En un resumen rápido, frío y superficial, de esta obra de cuatro actos, donde el autor expone una atmósfera sombría y fría en tono de comedia, podemos señalar que se presenta la vida de los Prozorov; una familia aristocrática y culta que aparenta estar obligada a permanecer en un pueblo, y añorar la lejana imagen de una Moscú que está idealizada en el recuerdo.
En rasgos generales el espectáculo de Suardi respeta la mayoría de los parlamentos traducidos, así como la totalidad de los personajes y la estructura de la obra. Esta propuesta escénica presenta: el hastío, la búsqueda insistente de la felicidad, la nostalgia por mejores años vividos en familia.

Está muy bien hecha, realmente es un trabajo profesional pero:
El “mundo”, “la ficción” desciende con la propuesta de la escenografía y la elección de las actrices. Ya que cohiben la convención teatral que el público tiene al ver un espectáculo. En este punto pedimos un poco de ayuda a los responsables; ya que sabemos que es una sala de teatro y que estamos viendo una ficción; pero, por cada vez que hay un cambio de escena y un cambio de acto, cortan con ese imaginario y con esa convención, entonces ¿para qué disimular los objetos, la escenografía, la utilería, las actrices con una propuesta realista si ellos mismos nos van a hacer aparecer la sala de teatro? Sólo pedimos que los códigos del mundo creado en la representación sean respetados por los mismos hacedores. Todo esto provoca que los espacios, la atmósfera y los climas desaparezcan abruptamente transformándose en algo esbozado.
Al intentar romper con el imaginario propuesto por Chéjov, el director puede confundirnos o provocar la duda en la información del propio personaje, por lo tanto crea un ruido en el proceso de comunicación, y la magia se vuelve un truco: el hecho de que las actrices que representan a las hermanas Prozorov sobresalgan por su apariencia física y de edad, nos hace pensar que tuvieran otro lazo de parentezco entre ellas. No critico la actuación, sólo la elección de las actrices en cuanto apariencia física, ¿o tal vez al equipo de maquillaje?
Las actuaciones son muy buenas, muy profesionales, pero les falta energía. Sí, hacen que transitan el texto, pero se olvidan de comunicarlo al espectador. Ya que la propuesta está dirigida a una “situación creíble, verosimil” -es decir, lo que estamos viendo es real y no una mentira con verdad ficcional- ¿por qué sólo los actores tienen el derecho de recorrer lo que sucede a los personajes? La obra de Suardi es una oferta que mantiene la mayoría del texto, y a la vez es una versión libre. En ese sentido, rescatamos la propuesta de actuación “realista” pero no como una estética sino como herramienta planteada para trabajar las diferentes situaciones. Siguiendo con este registro de actuación, el actor debe saber que cuando está en escena personifica a alguien cuyos rasgos y caractrísticas son propias y ajenas a él, pero debe transmitirlo al público para transformarlo en espectador. O así lo entiendo con la propuesta de Tres hermanas
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