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...o el vasto territorio del rock

 

 

 

El chico folk sueco - argentino, José González. /// Archivo FIB /Javier Rosa

La segunda gran alegría del fin de semana llegaría con la vuelta de Tricky al ruedo, con un disco autobiográfico llamado Knowle West Boy en honor al barrio en el que creció, “un barrio muy duro de Bristol”, según sus propias palabras.

En cueros y una forma física envidiable a sus 40, Tricky presentó este trabajo del retorno, después de una larga ausencia, acompañado por una banda potentísima en todos los registros: de la distorsión y el éxtasis al más puro intimismo. Fue un show hipnótico, en el que no se podía dejar de bailar pero tampoco de sentir todo lo imaginable en los pelos de punta, en la piel erizada. No siempre de cara al público, como poseído, el inglés desmesurado que colaboró con Massive Attack pero que reniega de aquello de “el sonido de Bristol”, repasó también algún viejo tema como Overcome, de su primer álbum Maxinquaye.

El regreso de Tricky, después de una larga ausencia. /// Archivo FIB /Francois Ollivier

 

La sensualidad y la furia

El plato fuerte del festival, sin embargo, llegaría el último día. Para la jornada de despedida estaban citados, en Benicàssim, Leonard Cohen, Morrisey y Siouxie, además de Enrique Morente, el patriarca flamenco que reinterpretó a Cohen en clave gitana, en un set intensísimo. Se especulaba con reuniones sobre el escenario, que si el poeta canadiense con el gitano granadino, o si el ex The Smiths con la diva post-punk… Pero, no. No hubo reuniones fuera de programa. Y aunque se prodigaran elogios y algún abrazo en el backstage, cada uno tocó a su turno, sobre el mismo escenario.

 


Leonard Cohen, poesía despojada agradecida por un público en silencio. ///Archivo FIB /O. L. Tejeda

Lo de Cohen fue poesía despojada y convertida en lágrimas silenciosas y multitudinarias, con el sol bajando suave entre las montañas. Tocó diez canciones, diez grandes éxitos de los suyos, graves y sin estridencias, acompañado por un guitarrista español con toque andaluz. El público agradeció con un silencio difícil de conseguir en estas plazas y el clímax llegó con el himno Hallelujah, vibrando en todas las gargantas, relajadas frente a la elegancia, el sosiego y la infinita gratitud del gran Cohen, a sus 73 años.

La otra presencia largamente esperada era la de Morrisey. Todo un rockstar en la fiesta de su propia entrega, que empezó con un tributo a The New York Dolls en las pantallas. El de Manchester presentó a los músicos de su banda por su nombre y procedencia, como los viejos rockers en los viejos buenos tiempos (muchas estrellas han perdido esa costumbre). El ex líder de The Smiths convocó a propios y sumó a extraños y bromeó con el público entre tema y tema. Bromeó o dictó sentencia despiadada, como cuando escuchó el chunda chunda de la pista pop del otro extremo del recinto y soltó, sarcástico: “Tecno. Hummm, tecno. Muy inteligente”. También fue ácido con los carnívoros y emplazó al FIB a convertirse al vegetarianismo y cantó First of the gang to die. Y luego arremetió contra los grupos “populares”, los top ten  de cualquier parte del mundo. La banda rezó al hardcore mientras el líder se revolcaba. Así escuchamos las versiones de All you need es me y How soon is now?.

Morrisey fue sensualidad y furia, y todo el público a sus pies. Frente a la amable Siouxie, en cambio, la sensación es que ha quedado, sobre todo, el recuerdo del mito que fue, y unas terribles ganas de llevarse bien con esta señora tan gentil, que habla castellano como puede, que nos arropa mientras nos canta y nos baila sus cancionesg

 

Siouxie dejó el recuerdo del mito que fue. /// Archivo FIB /J. Rosa

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