| El cielo reina en las películas de Carlos Reygadas. Imágenes del cielo, de noche, de día, en sus momentos de mutación hacia el amanecer o el anochecer, también la tarde o el mediodía. El sol y la luna, las estrellas. Fenómenos físicos que ocurren en las alturas: las nubes, la niebla. El cielo literal y el metafórico. Hacia allí miran sus personajes, cuando buscan respuestas, reposo, contención, escape. El cielo es el lugar donde ellos sienten que pueden ser. El cielo, como destino.
El encuentro con el cine de Reygadas (nacido en 1971) resulta una experiencia extraña, metafísica. Su producción (Japón, Batalla en el cielo y Luz silenciosa) es totalmente ajena al resto del cine mexicano contemporáneo. Existen evidentes influencias de Andrei Tarkovski, un parentesco con el francés Bruno Dumont y una actitud contemplativa cercana al cine oriental (incluyendo al de Kiarostami o al de Nuri Bilge Ceylán), sin embargo, es un cine absolutamente personal, como la definición de cielo, que cada uno puede esbozar en una frase.


Sus películas cuentan pequeñas historias cargadas de profundidad filosófica. La naturaleza y la religión, aparecen siempre como entorno, como condicionamiento, como marco para vidas en crisis. En Japón, un hombre misterioso, cargado de angustia silenciosa, se va a un pueblo perdido en la montaña, “a matarse”. En Batalla en el cielo, un chofer-seguridad, que trabaja para el ejército, luego de haber cometido un secuestro que terminó en muerte, intenta redimirse, por llamarle de alguna forma al camino que decide recorrer; en Luz silenciosa, un padre de familia menonita sufre porque se ha enamorado de otra mujer, y el dilema está en el amor, el que siente por la “nueva” y por Esther, su esposa.
Quizá no podamos terminar de comprender, no sepamos todo lo que nos gustaría saber, no logremos lograr la paz que algunos de sus personajes parecen conseguir; pero sus películas nos regalan una inmensa muestra de humanidad.
Cómo filma (tomas fijas, de cerca o desde lejos, muy lejos, cuando es necesario dejar a los personajes consigo mismos, travellings hacia delante que nos permiten penetrarlos en su intimidad, subjetivas que dejan de serlo, panorámicas, todo utilizado con una maestría admirable) y cómo hace que los actores, no profesionales, se brinden ante la cámara, es un milagro. Como esos que sólo pueden ocurrir para aquellos que creen que el cielo, además de una dimensión física y simbólica, tiene una espiritual, asociada a la vida eterna

Batalla en el cielo (2005) |

|