RCh | El paseante japonés-alemán y sus gritos experimentales
 

Damo

Suzuki,

un hoyo

negro

del rock

 

NO VIVE DE LA NOSTALGIA, DE ESOS AÑOS 70 EN QUE FUE EL VOCALISTA DE LA LEGENDARIA CAN. DESDE HACE TRECE AÑOS, VIAJA POR eL MUNDO, IMPROVISANDO CON CUALQUIER TIPO DE MÚSICOS. LO HIZO EN MÉXICO, POR PRIMERA VEZ, Y DIJO...

   

POR SERGIO RAÚL LÓPEZ

Desde MÉXICO D.F.

Lo dicho, el rock no nació en Europa, pero en aquel rancio continente ha madurado y adquirido personalidad. Sin duda. De las islas británicas nos han llegado corrientes y modas, pero de Alemania hemos recibido parte de la vanguardia, de la salvaje necesidad de expresión sincera en tiempos de la posmodernidad.

Ahí está el cincuentón Damo. Con su larga cabellera suelta, sus camisetas y jeans neutros, nada llamativos. De andar seguro y hasta se diría que tímido. Pero que en el escenario se transforma para volverse una bestia cuyos dominios son guardados mediante el arte de las voces. Porque eso es lo que hace, más que improvisar, canta con distintas voces, cambia los colores y las dinámicas de su canto, inventa lenguas y vive en un absoluto presente creativo que le permite hacer exactamente lo que su regalada gana quiera.

Será por eso que se niega a vivir en la nostalgia, ese gran seguro de desempleo de toda banda de rock. De esas reuniones de músicos maduros o francamente en decadencia, por lo regular costosas pues le venden al asistente un pasado ideal que todos desean creer fue mejor. Y que funciona de maravilla en taquillas.

Damo Suzuki en su anarquismo sonoro se niega a vivir de ese pasado ni de los tres legendarios años en que fue la voz del grupo de vanguardia por antonomasia, Can.

Cierto, es de origen japonés y nacido en 1950, pero desde hace décadas se ha avecindado en la ciudad germana de Colonia aunque pasa la mitad del año en Australia, para aprovechar el verano austral. Y el resto del tiempo da giras por todo el mundo con su atractivo proyecto personal.

Tan no vive de explotar al pasado que ni siquiera se refiere por su nombre al grupo. Suele llamarles “esa banda alemana que me invitó a cantar”. Y además se niega a repetir las viejas canciones que grabó con ellos. Cinco discos –entre ellos Tago Mago y Future Days– y un gran número de conciertos en el ámbito underground entre 1970 y 1973 le parecen pocos para los trece años seguidos en que ha implementado su proyecto Damo Suzuki Network improvisando por todo el mundo y con cualquier tipo de músicos.

Y con cierta satisfacción ofrece algunos datos reveladores de la magnitud del proyecto: desde el 2004 ha compartido el escenario con más de dos mil músicos de casi todas las edades, desde un adolescente de 16 años hasta un intérprete del arpa irlandesa de 83. Tampoco hace especialmente música de rock, pues lo mismo ha trabajado con cuartetos de cuerda que con ensambles de jazz y disk jockey de música electrónica.

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