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RCH | El escritor barcelonés + la conexión Rossellini

Vila-Matas es mucho Vila-Matas 

 

 

 

 

EL AUTOR DE BARTLEBY Y COMPAÑÍA ES UN CONTADOR DE HISTORIAS, AL QUE LLAMAN "RARO". ACABA DE EDITAR EL VIENTO LIGERO EN PARMA. ADEMÁS, LA CONEXIÓN CON EL ROBERTO ROSSELLINI DEL FINAL CON INGRID bERGMAN, O EL NO FINAL.

 

POR ANALÍA IGLESIAS

 

Siempre en español castizo, y diciendo bastante sin apenas decir, no hay dudas de que Enrique Vila-Matas es un tipo muy suyo. Pero (y ojo con el título) “mucho” no es “demasiado”. Al contrario, “mucho Vila Matas” designa, en jerga de calle, un modo de crearse a sí mismo, fuera de toda corriente dominante, integrada o iconoclasta. Designa un modo de inventarse un sello que es único, el suyo, muy suyo.

El autor de Bartleby y compañía y El mal de Montano, anche París no se acaba nunca, aparece ahora con El viento ligero en Parma (Sexto Piso Editorial, 2008) y lo celebramos todos los que lo queremos como es. Así, sin meterse (ni meterlo) en moldes de novela ni de ensayo ni de memorias, así de exuberante y de “metaliterario”.

V-M es un contador de historias como al pasar, surgidas de la asociación libre de un hombre culto pero accesible, fino y callejero, de prosa elegante para confesar sus pecados de la carne y el espíritu: que si puede escribir con resaca de vodka; que si se hizo escritor sólo porque vio a Mastroianni en La notte de Antonioni y quiso imitarlo y tener una mujer como Jeanne Moreau, y usar los giros mundanos del personaje, y quejarse de las presentaciones de sus libros, como él; que si una vez escritor se convenció de su parecido literario con Gombrowicz (sin haber leído jamás a Gombrowicz), sólo porque le había gustado la pose del polaco en una foto del Paris de los sesenta; que si Rossellini puso a Joyce bajo el sol napolitano para enfriar la vida matrimonial (ver recuadro); que si está cerca o lejos de Bolaño, a quien de tanto admirarlo tenía en la cabeza como referente de lector, para corregir hasta desfallecer, no fuera a ser que el chileno le encontrara una coma de más…

V-M habla de sus pequeñas miserias cotidianas, de Barcelona, su ciudad, y de todas las demás ciudades, y de su padre, un nacionalista catalán al que le gustaría presentarle a mucha gente de otros mundos, otros mundos posibles.

Pero, no nos equivoquemos, en V-M, la trama debajo del entretenimiento y la confesión en cascada siempre deja poso. Una borra filosófica, diremos, profunda, diremos, de largo aliento. Es uno de esos tipos que nos expresan en lo más difícil y contradictorio de nuestro interior, y que nos arrancan una carcajada, la carcajada de sentirnos descubiertos. Con V-M nos conocemos sin conocernos. A V-M lo defenderemos a muerte, como al amigo al que todos critican por “raro”.

Parece un tipo generoso, además. Su prosa es generosa. En este libro cuenta la trastienda de Bartleby y agradece a todos los colegas que le ayudaron a coleccionar Bartlebys, es decir, artistas que “preferirían no hacerlo” o, lo que es lo mismo, escritores que no escribieron. Cita a otros, constantemente, y dialoga con ellos dándole a aquellas reflexiones primeras una vuelta jugosa con sus comentarios: entre cientos de palabras sensibles (de una sensibilidad original y perdurable), cita a su amigo Pitol, a Bolaño, a Gombrowicz (hay mucho Diario argentino revisitado), al gran Beckett, a Pessoa…

Qué fastidio la palabra “raro”. Aunque, pensándolo bien, al escucharla algunos contamos instantáneamente con una guía de viaje para este laberinto de nadas: a mí me encantan los “raros”.


Ingrid y los no comienzos de los no finales

Por influjo de Vila-Matas fui corriendo a Rossellini. Llegué a Viaggio in Italia (1953) buscando ese no comienzo y quizá el no fin de la historia de un matrimonio en plena crisis. Decía el escritor que Rossellini había arrancado contando la historia desde cualquier punto, en medio de una situación intrascendente en la inmensidad del cosmos (más precisamente cerca de Nápoles). A partir de esta libertad narrativa, Vila-Matas reflexionaba sobre el orden que había impuesto el franquismo como idea para todo, una noción que habían tenido que asimilar sin vueltas los españoles de su generación...

No cabe duda que para los dictadores mentecatos las cosas empiezan por el principio y acaban en el final, en rigurosa fila militar. Pero a veces, todos nos sumergimos en la temporalidad de las puras sucesiones, sin el placer del ahora ignorante de dónde viene y adónde va, sin entender la densidad del presente, sus infinitas capas, sus improbables comienzos y no comienzos, igual que sus posibles finales o sus apenas puntos y comas.

Así vi la peli, preguntándome por las elecciones narrativas del director italiano, hasta el final, cuando el personaje de Ingrid Bergman le dice a su marido que lo quiere (y yo creo que por puro miedo los dos se dicen que mejor seguir juntos) y Rossellini elige poner allí mismo la palabra "Fine". Me quedé pensando que el gran Roberto y yo sabemos que ese "te quiero" era apenas un punto y coma de otro final posible, del más seguro de los finales, que quedó fuera de metraje. (25/5/ 2008, en escribe-lori)

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