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RCh | Diálogo con Andrea Nobile

 

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Por lo no moderado. Nobile trabajaba con Dario Fo, en la parte audiovisual de sus puestas teatrales, y cuando se enteró de su postulación, comenzó a filmarlo. Su candidatura le dio la excusa para hablar sobre la crisis de la izquierda. De todas formas, la idea original del documental era otra: “Mi primera intención no era hacer una película sobre la campaña, sino sobre Milán, la ciudad en sí y sus necesidades. Pero después pasaron dos cosas que hicieron que cambiara el eje: una, la pasión de los ideales de Dario Fo, que es algo que ya no existe en la política, es algo del pasado, y la otra, la reacción de la gente de Milán que no lo creía, lo veía como un sueño, Dario era para ellos uno de nosotros, un amigo, un similar y no un político. Finalmente la realidad que se registró resultó mucho más interesante que la que había imaginado”.

Y sí que resulta interesante y conmovedor ver a Fo haciendo campaña, mezclado entre la gente, sus similares; en las marchas, con los estudiantes, con los refugiados políticos, en las asambleas de la izquierda, en la calle, en el colectivo, en la recolección de firmas para poder postularse, en el acto de cierre de campaña cantando; en definitiva, actuando, que es lo que hizo toda la vida, sólo que esta vez, actúa de dirigente político, porque sintió la necesidad – después de toda una historia de denuncia y compromiso a través de sus obras – de poner el cuerpo a un rol que está vacío, allá, acá y en todas partes.

 

La última escena es triste. Dario Fo está solo en su oficina, los resultados de las elecciones fueron, para él, la derrota. Baja la cabeza. Parece estar cansado. El silencio reina en la habitación del hombre ruidosamente expresivo. Nobile revela que la cámara estaba sola, encendida, y Dario, sin la presencia del operador, se permitió no actuar, sino sentir su decepción.

El espectador la siente también.

El documental se editará en DVD en octubre. En Italia no habrá estreno en cines, es que parece que “ni el documental ni la política son muy populares”, según dice Nobile, y además, el país del neorrealismo, de los De Sica, los Rossellini, los Antonioni, ha olvidado la costumbre de ir al cine que “no está de moda”.

Io non sono un moderato no sólo provocó revuelo en las almas jóvenes italianas. Luego de su proyección en Buenos Aires, Nobile se encontró con muchos chicos entusiasmados, que no conocían a Dario Fo, y se enamoraron de él después de verla.

Parece que la alternativa política del mundo, el futuro, la esperanza, está en no ser moderado, y en que un similar, un amigo, uno de nosotros, tome el lugar vacante de la dirigencia política

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