Argentina. 10 de junio de 1956. En un basural de la localidad bonaerense de José León Suárez, un puñado de civiles rebeldes son fusilados por una dictadura militar. El cuadro de Goya ilustrará la tapa de varias ediciones de una obra emblemática, que arrojará luz sobre ese crimen: la primera novela de no ficción, Operación Masacre, escrita por Rodolfo Walsh, quien será asesinado años después por otra dictadura militar.
"Los Fusilamientos..." de Goya son un alarido para ser mirado, cuyo eco ya dejó atrás a Bonaparte, a Franco, a Mussolini, a Stalin, a Hitler, a Pinochet; y dejará inexorablemente atrás a Kissinger y a Bush, a Videla y a Menéndez, y a cuanto grande o pequeño tirano que siga enviando hombres-máquinas y o máquinas propiamente dichas a matar a pueblos que no se dejan doblegar.
Y lo hará porque cumple con el mandato que enuncia Jacques Le Goff en El orden de la memoria, de “salvar el pasado sólo para servir al presente y al futuro” y “actuar de modo que la memoria colectiva sirva a la liberación, y no a la servidumbre de los hombres”.

Las imágenes que ilustran la nota son escenas de la versión cinematográfica de "Operación Masacre" (1972), dirigida por Jorge Cedrón, otra víctima de la última dictadura. |
Así, aquella memoria fotográfica de aquel pintor español de 62 años, que venció su miedo como si supiera que tenía la trascendente misión de ser el cronista y el garante de la memoria colectiva de ese horror, se convertirá en la mirada inaugural de un tiempo en que el arte comenzará a observar a la historia sin indulgencias y a interpelar los horrores por venir. Ya la guerra no será sólo el acontecimiento heroico glorificado y embellecido por la mano del artista que reproduce la mirada del poder. Algunos se animarán a desplazar la mirada hacia sus lacras, miserias y desastres, y desnudar así su sinsentido.
La obra de Goya no sólo resulta tremendamente irredenta a la hora de encuadrar en categorías estilísticas; es, sobre todo, una incómoda e insoslayable encrucijada entre estética y ética.
Después de Goya, el arte ya no tuvo pretextos para no mirar la realidad |