
| "RESPECT YOURSELF: THE STAX RECORDS HISTORY" DE ROBERT GORDON Y MORGAN NEVILLE (E.E.U.U., 2007) |
| Un sello que no deja de funkear |
| POR LUCAS AMUCHÁSTEGUI |
Incluso para quién no sepa qué fue Stax, encontrarse a Rufus Thomas vestido con un irónico atuendo de safarista color rosa, sobre un escenario montado en un estadio de béisbol, bailando ante unas 5.000 personas, con la banda detrás tocando un soul acelerado, llevado a funk, alabando entre tema y tema al reverendo Martin Luther King, y vociferando los derechos de los afroamericanos en estado Unidos, ya lo ubica un poco en el meollo del documental.
Esta escena llega a mitad de la película, cuando la sala ya es un golpeteo de piecitos sobre el alfombrado, siguiendo el groove glorioso de cada unos de los artistas de esa fiesta multirracial que coronaba el soul en el mundo.
Las apariencias no engañan, los pioneros de este nudo político-social-religioso-musical eran todos amigos que sólo buscaban divertirse y vender discos. Esa energía quizá fue la que atrajo al increíble Otis Redding, el corazón rítmico de la parte más exitosa de la historia. Vemos también que detrás del lujo mostrado tanto por la sensual mística de Otis, como de Isaac Hayes, había un profundo compromiso con los derechos de la entonces, y aún, discriminada población negra del norte americano, y con las raíces de la música gospel; para más datos, un miembro activo de la troupe de King llevaba adelante junto al payo fundador Jim Stewart la economía del sello, cuyas ganancias tenían tanto swing como los hits que brotaban de los estudios.
Tanto progreso y bienestar en una comunidad interracial de los '70, en donde blancos y negros trabajan codo a codo y disfrutan a pleno de lujos y billeteras gordas termina molestando, jodiendo y enojando a más de uno. Y vemos que como tantas otras cosas demasiado vivas, a Stax había que pararle el carro (sobre todo si era un Mercedes Benz manejado por un negro en pleno reinado de Nixon), para llevarlas a un museo, donde no jodan tanto. El carro, un poco por impericia del conductor, otro por algún sabotaje externo, termina estrellándose.
El documental de Gordon-Neville trata de revivir el espíritu original del sello: los golpeteos de pies en la alfombra del Hoyts, y el aplauso final dan cuenta de que Stax nunca va a dejar de funkear
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