El día de la entrevista a Florencia Lestani, el humo cubre Buenos Aires.
El sol, un carbón encendido y eterno, es tan difuso como las siluetas de los edificios apenas sugeridas entre el ácido gris. Para ir hasta su casa, te deja bien el subte "E", una especie de tren amarillo que camina a los ruidos por los sótanos de la historia argentina. No importa en que año estés, ese subte siempre atrasa unas décadas.
Flores tiene como techo una autopista, por lo demás, es un barrio como el tuyo, como el mío, pero más que todo como el de Arlt, aún hoy. Las calles son anchas y las casas altas. No hay tantos árboles en las veredas como en los patios.
Flopa abre la puerta de su casa: la primera impresión es la de una sonrisa, mejor dicho, mujer-niña con sonrisa. El lugar que la contiene es cálido; un espacio donde parece que todos los objetos estuvieran animados por una energía especial, no sé como explicarlo.
Durante la charla, sus palabras brotan concretas, redondas y muchas veces, con filo. Ella acompaña lo dicho con leves gestos, sonrisas y los relampaguitos de un cigarrillo. Estamos en un ambiente donde hay estuches de instrumentos desparramados, casi se diría que descansando, como si fueran animales domésticos, y una guitarra enchufada a un amplificador, todavía humeando cierta vibración cálida.
¿Por qué dejaste el bajo por la guitarra?
Después de muchas bandas de secundaria, empecé a tocar en Mata Violeta ( junto a Erica García y Karina Tamburini), ahí tocaba el bajo. Después comencé a hacer canciones, y para hacer canciones la guitarra es mucho más compañera: melódica y armónicamente más rica. Si tocás sola es mucho mejor la guitarra; el bajo está bien pero para tocar en banda, sola no me divertía. Además, tocar el bajo y cantar exige otra coordinación.
Y hacia allá fuiste...
Se fue dando. Después de Mata Violeta armé una banda con Rodrigo Guerra (Pequeña Orquesta Reincidentes) que fue fugaz y se llamo Barro. Ahí ya componía mis temas. Cuando Barro terminó me puse a escribir y llamé a Rodrigo de nuevo, con quien hay una química muy especial, y me largué en plan solista.
Te largaste a hacer canciones
Sí, para mí hacer canciones es una necesidad. No es algo que pueda controlar, es como una pulsión. Una necesidad de decir algo por alguna situación, por una sensación que tengo acerca de algo que me pasó, o que no me pasó.
Hay dos partes de la canción: la letra, la música. ¿Que importancia le dás a cada una?
Generalmente compongo a la par música y letra. Salvo algunas excepciones, como Sonajeros, o algún otro poema que se convirtió en canción. El resto las escribo pensando en una línea melódica. Por ejemplo se me ocurre una frase y la continúo, y ya que la empecé le comienzo a buscar la música. O busco un par de secuencias de acordes y la voy escribiendo.
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