RCh| Visage, de Tsai Ming Liang, nuestra única incursión -exitosa por suerte- en el BAFICI

El más moderno

 

SU ÚLTIMA PELÍCULA ES UN HOMENAJE AL CINE MODERNO EN GENERAL Y AL UNIVERSO QUE CREÓ FRANCOIS TRUFFAUT EN PARTICULAR. COMO SIEMPRE, LEE KANG -SHENG VIVE UNA SERIE DE AVENTURAS QUE, ESTA VEZ, INCLUYEN UN CIERVO, NIEVE, PIERNAS DE MUJER, MITOS, Y A ANTOINE DOINEL.

POR EUGENIA GUEVARA

El agua, tiendo a creer un mes después, el agua estuvo en el comienzo. Agua indómita, poderosa, desaliñada, incontenible. Agua de Tsai Ming Liang en ese departamento claustrofóbico bien de Tsai Ming Liang y con ese Lee Kang Sheng ojotudo (u ojotero), de bermudas, cómico y serio, púber y maduro, que indudablemente pertenece - como su madre enferma, recostada en la cama rodeada de agua- a Tsai Ming Liang.

Pero antes, ¿no había estado esa cara, la de Jean Pierre Léaud, que aunque esté por cumplir los 70 sigue siendo infantil y pertenecerá siempre a Truffaut?

El antes y el después no tienen importancia. Jean Pierre está allí, como antes había estado en Qué hora es allá?, en el cementerio, cerca de la tumba de Truffaut; mientras en Taiwán, Lee Kang Sheng lo miraba robar una botella de leche antes o mientras o después de recibir unos cuatrocientos golpes para terminar corriendo hacia el mar. El agua. Pero no es sólo Jean Pierre, o Antoine. La calle parisina es el marco donde las piernas -que nunca Tsai Ming Liang había filmado- de ella aparecen en el cuadro, truffautianamente. Es... Fanny Ardant! me digo, decimos, reconocemos, y una alegría tonta nos es inyectada cuando una voz masculina en off dice: "Es Fanny Ardant". Y Fanny, como las calles de Paris, como todas esas piernas femeninas, aunque Tsai las atrape espirituamente en el cuadro, pertenecen a Truffaut.

Un poco más complicado es de quién es Jeanne. Moreau. Brillante, reconocible, grandísima. Ella no sólo ha sido de Truffaut. También ha sido de Malle, de Antonioni, ha sido de Godard, ha sido de Welles y de Losey. Ha sido de Fassbinder. Ella ha sido, y es, del cine. ¿Por qué no sería ahora de Tsai Ming Liang?

Y Tsai, interacciona con el espectador simbólicamente: hace que Jean Pierre y Lee tengan un diálogo, que soñamos improvisado. A ambos, los vimos crecer frente a la cámara. El primero fue niño, adolescente y joven de Truffaut, joven de Godard, maduro enrarecido de Kaurismaki, y mayor enrarecido del taiwanés. Y Lee, siempre de Tsai, vivió sus últimos 18 años en la pantalla. Lo vimos descubrir su sexualidad, enterrar a su padre, luchar contra el agua, vivar al amor, entrar en el mundo del cine porno, publicitario o artístico y ahora lo veremos, despedir a su madre. Allí están, frente a frente, el más famoso y extremo caso de actor fetiche occidental, y el más famoso y extremo caso de actor fetiche oriental. ¿Y de qué y cómo hablan? La respuesta es más que obvia. Hablan de cine, nombrando a los maestros: Welles, Truffaut, Pasolini, Antonioni, Fellini, Tarkovski, Mizoguchi, eso dicen; mientras hablan de Titi, el pajarillo metáfora. Jean Pierre ríe al burlarse de Lee, Lee se ríe ante Jean Pierre. Y pensamos, que Tsai ha blanqueado, ha nombrado a todos sus maestros, a todos a aquellos que sembraron el camino para que él pudiera hacer estas maravillosas películas. Quizá, pensamos, se ha olvidado de Fassbinder. Pero, la escena siguiente, nos responde la observación con una fellatio entre Lee y un técnico del rodaje, bajo los árboles del bosque, en el que Laetitia Casta seduce en un musical nevado a un cornamentado ciervo. Y así, trae a escena al gran maestro alemán también.

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