Rch| Un recorrido por la cartelera teatral de Bernardo Cappa

Yendo del funeral al recital

 

LA FUNERARIA, AMOR A TIROS, LOS ROCABILIS y 10. LA NOVEDAD..., CUATRO OBRAS A PARTIR DE LAS CUALES, SE DESCUBREN ALGUNAS DE LAS OBSESIONES DEL DIRECTOR Y AUTOR: POR EJEMPLO, LOS PERSONAJES FRACASADOS, ESCENARIOS QUE DEVIENEN "CARNICERÍA", AÑORANZA DEL PASADO Y EL PODER DE LA PALABRA.

   

 

POR LÍA NOGUERA

Bernardo Cappa, uno de los teatristas emergente de la escena teatral porteña durante la década de los 90, ha realizado una variada y fecunda producción tanto desde la escritura, la actuación como también desde la puesta en escena. Su teatro, considerado por la crítica especializada como teatro de la desintegración (poética teatral en la cual se incluyen también autores como Rafael Spregelburd y Daniel Veronese que se caracteriza por continuar varios de los preceptos ideológicos y estéticos del teatro absurdista poniendo en escena un marcado pesimismo ante las relaciones sociales, las institucionales y el lenguaje mismo.) A lo largo de su trayectoria, Cappa ha escrito y dirigido: Pradera en flor (1997); Herida (1998); El reloj (1998), Olvido (1998), Delicado (1998); Más fácil que llorar (1999); La continuidad del diálogo (2000), Coágulo (2001); Desinsectación (2002); Lejanos nadadores (2002); Murió en la equivocación (2004); Territorio plano (2005); El aliento (2005), entre muchas otras. Sus últimos espectáculos, y que se encuentran hoy en día en cartel son: La funeraria (2008) en co-autoría con Martín Otero, Los Rocabilis (2009) de Laura Névole, Amor a tiros (2009) y 10. La novedad, no codiciarás los bienes ajenos (2009) de Santiago Gobernori.

Imágenes de un pasado no tan perfecto…

Una antigua y decadente funeraria del interior de la Argentina, cercana a la frontera con el Uruguay, recibe un día el cadáver de un hombre, que al parecer ha muerto de forma dudosa. Sin embargo, a este pueblo, no sólo llega este cuerpo extraño, que implementa en el espacio de la funeraria familiar una sutil esperanza para salir de los apremios económicos, sino que también llegarán sus deudos: una esposa, una hija y el abogado familiar. Entre los representantes de la funeraria y los familiares de este supuesto empresario o político se articulan los encuentros y desencuentros que estructuran la obra manifestando constantemente una clara oposición entre dos mundos distintos pero que en un punto se acercan, al conciliar lo patético de la existencia con la incongruencia de sus historias. Porque se apela a lo ridículo y mediante esa apelación el espacio se convierte en siniestro, deviene, tal como lo dicen los personajes de La funeraria, en una “carnicería” (¿reminiscencia de El matadero de Echeverría y/o a El corte de Bartís?). Porque el cuerpo de la víctima es múltiplemente fragmentado, alterado, deformado para que ingrese en un ataúd de un niño (mientras que el cuerpo del difunto mide casi dos metros) poniendo en evidencia una lógica funesta y carnavalesca que es esta casa velatoria. Asimismo, el cuerpo fragmentado se presenta como metáfora de las relaciones familiares que se entretejen entren estos dos grupos: las relaciones amorosas se insertan en un entramado paródico que vehiculiza, en el fondo, la imposibilidad de ese mismo amor. Toda una estética de la decadencia, de personajes fracasados que exaltan sus desventuras, no ocultan sus frustraciones sino que las intensifican mediante los encuentros personales que cada uno de ellos presentan en escena y que hará nuevamente su aparición en Amor a tiros como así también en Los Rocabilis.

La funeraria en cartel en el Sportivo Teatral.

 

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