En las obras Horny Housewife Kidnapped y el Manual de superviviencia para los Días del Gran Desastre, elaboradas junto con Lorena Iglesias, el humor es factor fundamental. ¿Cuáles son sus referentes en esa vía? Me da la espina de que hay un componente más frontal que la mera ironía…
Iván: Uf, ésta es difícil. A ver… En mi caso, no es irónico, porque creo el humor es muy compasivo con mis personajes. Algo parecido al futuro asesino que representa De Niro en Taxi Driver: todavía no mató, pero ensaya frente al espejo como si fuese un nene de 10 años lo rudo que es; algo que hicimos todos. Eso me resulta risueño, pero enternecedor.
En el cine, otras referencias son los hermanos Cohen, Tim Burton y Guy Ritchie. En literatura Vladimir Nabokov (la línea que desarrolla en Pálido Fuego) o Kurt Vonnegut (Mala Puntería). Y debe haber muchos más que no recuerdo ahora. En el Manual de supervivencia para los Días del Gran Desastre, trabajamos con el mecanismo clásico del humor en el cine de horror: angustia-desesperación-risa-angustia-desesperación-risa. Es un circuito de presión/liberación que también tiene el neorrealismo italiano. A eso le agregamos el fatalismo y la esperanza. Fue un experimento que nos gustó mucho.
En el packaging hay una mezcla a mitad de camino entre Los Simpson y Shakespeare. En algunos casos, se da una puesta en abismo. Yaaa Aliiiiii es un sobre-bomba. ¿Un libro sobre iraquíes que es un sobre-bomba? Para nosotros es una forma poner en relieve la mirada que se construye en Occidente sobre Medio Oriente como lugar de amenaza. De desactivarla, porque la cubierta genera una amable sonrisa.

¿Qué mecanismo de financiación emplean? ¿Cuántas unidades realizan por tirada? Supongo que la confección es manual…
Iván: De mínima, 400. Después vamos reponiendo. Ahora, estamos reeditando Horny y Yaaa Aliiiiii, y decidimos tirar 800.
Para encender un proyecto, usamos un sistema que podríamos llamar “Aviso de Pago”. A la hora de producir, básicamente, recortamos gastos de nuestra vida. ¿Compramos un aire acondicionado o hacemos otra tirada? ¿Cancelamos las expensas o vamos a comprar telas al Once? Ruedan muchas preguntas de ese tipo. Por eso, con el tiempo, nos llueven avisos de falta de pago de distintos servicios. A veces, alguna baja. Es un sistema un poco tenso, pero ya nos acostumbramos. Luego, los libros van produciendo un dinero que nos sirve para los siguientes proyectos. Nosotros no les cobramos a los autores. Nos gusta jugar al magnate.
¿Hay material en puerta?
Iván: ¡Sí! Una serie de libros de bolsillo, de literatura popular, como los que sacaba Bruguera en los años 70 & 80s. Los temas abarcan los géneros marcados como bastardos: ciencia ficción, acción, horror, western, fantásticos, catástrofe, etc., etc.
La idea es trabajar un poco con esa malla de estereotipos y estructuras de las series/películas que nos marcaron en la infancia/adolescencia: Brigada A, El Increíble Hulk, la Aventura del Poseidón, Infierno en la torre, Martes 13, etc. Todos esos campos narrativos desplegados en la Argentina. Algunos nombres que van a abrir la colección serán Agustín Prats, Hernán Vanoli, Santiago Llach y Esteban Castromán. Ellos ya tiraron un montón de textos alucinantes: vamos a tener desde un asesino serial recorriendo América Latina que mata a cabezazos hasta dos chicas barrabravas recorriendo una Argentina futurista, a lo Mad Max. Desde una road movie con un imitador de Michael Jackson huyendo de la Policía Bonaerense hasta un futuro donde los alienígenas toman el gobierno.
Para el arte de tapa vamos a trabajar con Ezequiel Black, con quien sintonizamos en estética y sensibilidad.
Además, en nuestra colección tradicional se vienen dos libros. El primero es una antología bien Clase Turista: cuatro poetas contemporáneas. El libro se llama El management envilece al mundo. Poemas para detener el tiempo. El otro es un libro que es un caleidoscopio de ensayos, poemas y relatos de Gerardo Salinas. De una página donde caminamos por la calle Florida, observando las metamorfosis que sufrieron las generaciones de vendedores ambulantes, saltamos a otra donde indagamos el siniestro embarazo que representa la pobre Mia Farrow en El Bebé de Rosemary, o hacia otra donde baja una teoría en tres párrafos sobre el funcionamiento universal.
Fuera de la editorial, yo estoy por lanzar Troll en Vox. Un poema de horror sobre un hombre que encuentra un duende en el living de su casa en Villa Crespo y no se anima a decírselo a su mujer. También voy a sacar un libro digital, Mazinger Z contra la dictadura militar, una serie de cuentos breves con tres ejes : uno explora la Argentina de los 70 en clave fantástica; otra, imagina una epidemia zombi en el país y la última, indaga el sentimiento adolescente de sentirse horrible.
Esteban: En paralelo con Troll de Iván, Vox publicará este mes mi libro Fin: se trata de una serie de micronovelas travestidas en poemas donde, por ejemplo, unos estudiantes de la Universidad Kennedy investigan el alcance del sufrimiento humano utilizando a un chimpancé llamado Arnold como conejillo de indias mientras el mundo se acaba, un choque automovilístico se sucede en tiempo real desde una perspectiva cubista, el relato de una noche larga, de excesos y desdoblamientos varios, embebida de música electrónica y agua mineral con gas, entre otras historias
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