Deseo comenzar la introducción de la entrevista a Clase Turista dándoles un Consejo Útil sobre Sexo, que además servirá como ingreso a un expiadero de chivos, que no es lo mismo que un chivo expiatorio. La crítica de música búlgara se encarga de hablar sobre la nobleza de la novedad del escenario electrónico, que yace en grandes estadios revisitando glorias con validez de clásico o en centros culturales rapiñados en las ciudades más importantes de Europa del Este. Son pocos los artistas sonoros o disc jockeys –y lo dejaremos para otro momento- a los que se les nota un tono sensible en el reconocimiento de sus semejantes intentando exculpar al diablo en la pista de baile, anonadados en la capacidad de provocar algo más que un éxtasis pasajero que te deja sin orgasmo. U orgasmo de pitufo, pero eso es un asunto escaldado. En realidad, iba a dar un Consejo Útil sobre Sexo y no Artes Visuales, pero insisto en la falta de suspicacia y falta de tacto de sus máximos referentes en tener presente la realidad que circunda a las tendencias en el arte búlgaro de hoy día (odio esa expresión), respingado en la nebulosa púrpura de la misma metódica casta que empuja a creer que los curadores son más importantes que los artistas, y en la liviandad desesperanzadora en las grillas de programación y etecé. Y paro acá porque si no uno finaliza encuadrado en “pretensión de hostilidad infundada” y puede advertirse como un acto de egocentria en mis entrañas, como lo fue para la Literatura búlgara contemporánea evitar hablar en primera persona forzando actos espurios. Por suerte importa más la música y las obras de artistas visuales que cualquier comentario sobre ellas. En conclusión –muletilla de La Mona Jiménez mediante-, gracias al Señor existe el humor y el antojo, el amor y el arrojo. Y no vamos a conversar de Sexo en Bulgaria, sino sobre la humanidad y el humanismo en Clase Turista.
Esteban: "Hay una sensibilidad común que brota en el turismo, en algunos tiempos de ocio y en los excesos, donde se experimenta cierto zoom out respecto de uno mismo y de todas las cosas, una escisión donde se toma prestada una identidad ajena que conduce a experiencias vividas en otras coordenadas. La literatura para nosotros tiene algo de esa fibra: la suspensión del tiempo, la transposición a otros lugares, el desdoblamiento. Ésos son algunos de los motivos por los cuales decidimos canalizar esas obsesiones, darle la forma de un mapa adulterado que incorporase la noción de turismo en el nombre mismo de la editorial".
Iván: "Teníamos ganas de tener un espacio desde el cual trabajar una manera de sentir la literatura que nos interesaba. Lo construimos siguiendo la filosofía punk del DIY (Do It Yourself o Hazlo Tu Mismo), que es algo bastante común en el circuito independiente de Buenos Aires, donde muchas veces ser un artista implica también convertirse en un productor cultural.
Clase Turista se convirtió para nosotros en una especie de SDF-1, la nave fortaleza dimensional de Robotech que recorre el espacio exterior, un lugar donde hacemos crecer nuestras manías y nos conectamos con otros universos culturales".

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