Rch | Dostoievski va a la playa de Marco Antonio de la Parra
 

DURANTE LA CONCERTACIÓN CHILENA, EL DRAMATURGO ESCRIBIÓ ESTA OBRA DONDE DIRECTAMENTE Y A TRAVÉS DEL DIÁLOGO INTERTEXTUAL CON LA LITERATURA Y EL CINE NEGRO, DENUNCIÓ LAS ATROCIDADES COMETIDAS POR LA DICTADURA.

POR FRANCISCA BERNARDEZ

La prolífica obra del chileno Marco Antonio de la Parra, uno de los dramaturgos latinoamericanos más representados en el mundo, ha dialogado desde sus comienzos, con el cómic, el cine, la literatura clásica y la popular, con la música, con los mitos y con la actualidad. Por los años en que el proceso militar llegaba a su fin e iniciaba la transición hacia la reconstrucción de la democracia chilena, en marzo de 1990, a cargo de los gobiernos de la Concertación, De la Parra escribía, entre 1989 y 1990, Dostoievski va a la playa (y también King Kong Palace o el exilio de Tarzán, que da para otro artículo).

El diálogo intertextual de esa obra con el cine, la novela policial o hard boiled, y con la literatura “alta”, permite ampliar las lecturas sobre el presente en que la obra fue escrita. El texto es muy parecido a un guión y esa fue una de las razones por las que demoró años en ser estrenada. Ciertas indicaciones, como la de una serie de acciones que ocurren mientras Natasha canta, los sueños en ruso del protagonista, las secuencias en las que Dostoievski habla a solas, o cuando diferentes clientes aparecen manifestando sus inquietudes, más como si estuvieran frente a una cámara, que en escena; son algunas las primeras puntas que lo emparentan con el cine.

La obra comienza con el crimen. En la playa de Valparaíso, de noche, un viejo vagabundo, es secuestrado por unos hombres en un lujoso automóvil. Mientras tanto, Dostoievski lleva una vida miserable. Debe cuatro meses de alquiler, de una habitación en una pensión; es epiléptico y detective privado. Visita a su médico y en el diálogo que mantienen se plantea la duda, ya impuesta desde su propio nombre, sobre quién es verdaderamente: un pariente del gran escritor ruso (además, epiléptico como él y Mischkin, el príncipe de El idiota) o el mismo Dostoievski (por ejemplo, el detective no sabe cuántos años tiene, se alude a su pasado como escritor y sueña escenas de sus libros). El médico le da pastillas para la epilepsia y cuando el detective sale de la consulta, Cecilia, la secretaria, le dice que necesita hablar con él. Luego de otro secuestro de un viejo en la playa, Dostoievski visita el club nocturno de jazz donde canta Natasha Filipovna (como la de El Idiota), su querida. Allí también se encuentra con Gómez, el policía, que le nombra a Stavros, el rico que ha venido a cambiar la ciudad, y le cuenta que Ricardi, un conocido de ambos, se ha ido a trabajar con él. Luego, Cecilia lo contrata para encontrar a su padre vagabundo, que ha sido secuestrado.

Entonces, Dostoievski va a la playa, de noche, acompañado por la canción de Natasha y el ruido del verano. Y ve a dos recogedores de cadáveres, buscando un nuevo cuerpo. Es descubierto, reconocido por Ricardi, que le “aconseja” no meterse donde no lo llaman, amenazándolo y cortándolo en la cara con un cortaplumas. Luego Dostoievski descubre que las huellas de los neumáticos en la playa, son del millonario Stavros y decide visitar al médico que trabaja en la Morgue, porque quiere ver los cuerpos aparecidos. El médico lo ayuda. Le cuenta que los cuerpos están golpeados, mutilados, han muerto de mucho sufrimiento: “muchas manos sobre estos cuerpos”, le dice y le muestra uno que ha ido y ha vuelto varias veces.

 
page 2 >>
  © 2007 ruletachina.com - REVISTA VIRTUAL - Todos los derechos reservados - República Argentina