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RCH / Madonna en la Argentina

Todo depende del lugar del que se mire

 

 

 

 

 

 

La primera visiÓN ES A 5 METROS DE LA DIVA. lA QUE LE SIGUE, A MÁS DE 70. AMBAS, DEL MISMO SHOW, EL VIERNES 5 DE DICIEMBRE. POdemos creer en el determinismo espacial como causa de las opiniones distintas, o ¿serÁ algo MÁS PROFUNDO?

 

A 5 metros de esa dulce y pegajosa debilidad americana

POR LEONARDO MALDONADO

Quien entraba al sector vip quedaba boquiabierto con el despliegue escenográfico, la tecnología lumínica, las pantallas. Minutos antes del show, el clima que se vivía era de inmovilidad física absoluta: todo el mundo estaba quieto cuidando el lugar que se había ganado; todos queríamos verla de cerca, fotografiarla.

Apenas comienza el clip de apertura, el piso vibra y el sonido –impactante, potente– atraviesa nuestros cuerpos. Apenas ella se asoma, los gritos son ensordecedores. Ya desde su primera sonrisa, de su primera mirada, notamos el manejo del cuerpo de esta mujer que hace lo que ninguna otra cantante ofrece: la que canta y baila es una mujer atravesada por el sexo.

Las canciones se van sucediendo y el show gana fuerza y potencia. Seducidos por ese rostro de oscura belleza, por ese cuerpo diminuto y esas piernas perfectas, por esos bíceps tonificados y esas venas del cuello que dan ganas de morder, cantamos sus canciones y seguimos con nuestras miradas su figura increíble. No importa que desafine Borderline, que crea que aquí amamos Don´t cry for me Argentina, o que pronuncie pésimo el castellano en Spanish lesson.

Sus mejores coreografías ponen en evidencia su estado físico impecable y su sex appeal arrollador: Vogue –sin duda la más sexy–, Into the groove y Music. La última secuencia convierte a River en una gran disco donde se desarrolla una rave que deja sin aliento: no hay nadie en el estadio que no salte y baile con Like a prayer –el gran momento de la noche junto con la versión de Express Yourself a capella–, Ray of light, Hung Up y Give it to me. Los rayos láser, las pantallas de resolución increíble y los efectos sonoros coronan a la Reina. Sin embargo, son incapaces de opacar su carisma y su extraordinaria presencia escénica


Comida para los gusanos
POR EUGENIA GUEVARA

"¿Pero qué se piensa esa señora, que no se la van a comer los gusanos como a todos?", me dijo mi abuela al teléfono, cuando se enteró que la diva no tocaba el miércoles, sino el viernes, y eso ocasionaba que yo demorara un día en ir a visitarla. Claro que estaba inflamada por los datos mediáticos sobre la chica Ciccone, sus exigencias, su despliegue humano, técnico y de vestuario, que yo ignoraba.

Quise ver a Madonna desde el principio, porque Madonna era pieza fundamental de mi adolescencia, sobre todo por algunos lentos, como el olvidado Spanish eyes, y porque tres discos anteriores a su horrible último trabajo (Confessions on a dance floor, Music y sobre todo, Ray of light) me habían gustado mucho.

Así que ahí estaba, en el campo trasero, bastante cerca de la valla que marcaba el límite con el campo Vip, esperando. Cuando ella apareció y empezó a cantar, tuve un atisbo de emoción, como cuando New Order tocó Regret en Buenos Aires. Pero fue una emoción abortada, un poco por el esfuerzo de estar parada, sin tener el estado físico de Madonna; por el hedor y el sudor ajeno, que ya amenazaban empañarme el recital, y porque caí en la cuenta, que sólo se trataba de Madonna, la reina de pop. Porque de eso no cabe duda, es la reina del pop. No habrá otra, es una estrella, a punto de dejar de brillar.

Los mejores momentos fueron Vogue, Music, She's not me - donde Madonna interactuaba con sus bailarinas disfrazadas de Madonna con sus looks pasados-, y sobre todo, Ray of light, magnífica y enceguecedora versión que poco pude disfrutar, porque ya, al borde del desmayo, por no tener el estado físico de Madonna, estaba más pendiente de alejarme de la muchedumbre apelmazada en busca de un poco de aire, y de un vaso de coca- azúcar para evitar el desvanecimiento.

Confieso que me resultaron insoportables las versiones nuevas de los clásicos (sobre todo La isla bonita) y el ahiphopamiento de su música; el hip hop me aburre y no me transmite nada. Odié que no tocara muchas canciones de los discos que me gustan y odié más a la integrante del público que teniendo la oportunidad de pedirle que cantara a capella Spanish eyes, le pidió la insulsa Express Yourself. Confieso también que pasé los últimos 20 minutos, mirando la hora, rogando que todo terminara, antes de que mi cuerpo, que no tiene el estado físico del de Madonna, rodara entre los cuerpos transpirados de todos esos desconocidos.

Me acordé de la pregunta de mi abuela. En un primer momento, pensé en que la respuesta era, no, no se la van a comer los gusanos, porque es una imagen, una estrella inalcanzable, es Madonna. Después, lo pensé mejor, y concluí que sí, se la van a comer, pero a los gusanos les va a costar mucho más comerse a Madonna, con sus músculos endurecidos, que comerme a mí, que sin lugar a dudas, no tengo el estado físico de Madonna

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