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Simplemente Juan

A CONTINUACIÓN UNA GRAN BAJADA, EN TÉRMINOS PERIODÍSTICOS, O UN PEQUEÑO PRÓLOGO, EN TÉRMINOS LITERARIOS, O UN LARGO PREÁMBULO, EN TÉRMINOS DE ORALIDAD, DE LO QUE SE LEERÁ EN LAS PÁGINAS SIGUIENTES.

POR EUGENIA GUEVARA

 

0. Creo que ninguno de los dos sabe qué fue exactamente lo que se le apareció ese día, quizá fue un arcángel, un sueño, un sonido, un recuerdo, una imagen. La cosa es que el editor musical de Ruleta China vino y me dijo que la próxima nota principal sería sobre Juan Stewart. A partir de ese momento, a buscar datos, información. Y casualmente, Juan estaba a punto de presentar en el ciclo Carte Blanche de la Alianza Francesa (una serie de presentaciones de vivo de sellos independientes locales), su nuevo disco, Los días, y ni el editor, ni yo, estábamos enterados. Intentamos conectarnos cibernéticamente con él, para preguntarle algo, y en realidad, es mejor que no haya respondido, porque como los artistas verdaderos, lo que Juan tiene para decir está en su arte, en este caso, en su música. Así es que este “especial” consta de este preámbulo sin ton ni son, de una entrevista cuya explicación está en el punto 2, y una crítica del maravilloso disco, responsabilidad del intuitivo editor, que puede leerse en la página cuatro, o también por aquí.

1. Yo tenía incorporados algunos datos sobre Juan Stewart. Ex Jaime sin tierra, minimal, máquinas. No había escuchado Jaime sin tierra en los '90. Ni siquiera tengo idea de qué era lo que conversaba con mis oídos entonces, o quizá sí. Era aquel rock genial –que algunos bautizaron como “nuevo rock argentino” - que germinó en la Argentina en esa década, con el que creció mi generación, y del que Jaime sin tierra llegó a formar parte, en sus estertores. Pero quizá yo no era emasiado curiosa, o tal vez, cuando ellos aparecían en la escena, mi paladar musical, daba por terminada una etapa.

2. Recordé entonces la entrevista que publicamos a partir de la siguiente página, que Andrés Cuéllar y Salomón Kisner, le hicieron a Juan en 2007, para un trabajo académico. Recordé cómo me habían gustado sus opiniones, sus gustos, su manera de entender la música. Recordé que me había despertado unas ganas inmensas – que aún tengo – de conseguir y escuchar su inconseguible disco Tres, con tres canciones, tres instrumentos, tres notas, y de 33 minutos, 33 segundos de duración, y de volver a escuchar, algunas veces más para llegar a las 700, Sea Change, de Beck.

3. Para decir algo sobre el íntimo concierto que Juan Stewart ofreció en la Alianza Francesa, bajo tenue luz, sin palabras mediante, con miradas sólo dirigidas al piano y al aparato a sus pies, tengo ganas de citar a Felisberto Hernández: “Al silencio le escuchaba gustar música; oía hasta la última resonancia y después se quedaba pensando en lo que había escuchado. Sus opiniones tardaban. Pero cuando el silencio ya era de confianza, intervenía en la música; pasaba entre los sonidos como un gato con su gran cola negra y los dejaba llenos de intenciones”

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