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“El cine es el arma de conquista de los Estados Unidos”

La reciente remasterizaciÓn de LAS PELíCULAS que filmÓ durante sus aÑos en MÉxico, son el punto de partida de esta entrevista al genial artista chileno.

 

POR SERGIO RAUL LÓPEZ
Desde MÉxico D.F.

Lejos están los tiempos en que Alejandro Jodorowsky usaba sombreros de ala exageradamente ancha, suéter de cuello Mao y dirigía cine no para hacer películas sino para mostrarle la iluminación metafísica al equipo de personas que actuaban frente a la lente. A treinta años de distancia, las búsquedas budistas que le motivaron a filmar La montaña sagrada (1973) y a protagonizar un western trascendental en El Topo (1970), le resultan lejanas desde su actual vida de fama en la Ciudad Luz. Volvió a ellas recientemente, para restaurarlas y darles el color que siempre imaginó.

Toda una paradoja, ese par de cintas en las que buscó la iluminación interior a través de la cinematografía, ahora, al paso de tres décadas, requieren reiluminarse. Cuando se le comenta simplemente ríe: “No lo había pensado, pero ahora que lo dices me parece que sí, que es muy bonito”.

Convertido en un artista chamánico que lee el tarot y cura a través de una serie de metáforas imaginativas que ha denominado en su conjunto como psicomagia y que ofrece en el Cabaret Místico, un sitio concebido por él y donde combina el mazo de cartas con el psicoanálisis, el teatro y otras disciplinas variadas. El chileno trashumante Alejandro Jodorowsky vive placenteramente en París desde hace varios años, con el reconocimiento ya irrefrenable de miles de fervientes admiradores a cuestas.

Lejos están también sus alocados días en la Ciudad de México cuando era la encarnación del artista experimental que lo mismo montaba teatro de vanguardia, que dibujaba historietas pánicas y que consiguió ser director de unas cuantas películas, siempre recibiendo violentas reacciones del gran público y los conservadores medios de comunicación de entonces.

Al recordar, por ejemplo, que tras presentar su primer cinta Fando y Lis (1967) en la XI Reseña Mundial de Cine de Acapulco –en el DF, en el cine Roble–, tuvo que salir huyendo del público furibundo que deseaba lincharlo, ríe. Y mucho, con placidez. Constantemente. Aunque en su momento la tensión y el miedo le hubiesen dominado, actualmente se le oye un ser relajado y satisfecho.

Ahora ríe de sus propios recuerdos y de la importancia que se concedía a sí mismo. Respecto a su apariencia, a sus fotografías y a sus sombreros. Por ejemplo, al comentar una imagen suya de 1972 en el volumen Antología pánica (1989), dice: “Todavía en la época turbia de querer ‘parecer’ sin ser. Un ‘director de cine’ se fotografía. No hay sol, ¿para qué tan grande sombrero? Ese profundo malestar da nacimiento a La montaña sagrada, película de búsqueda”.

Claro, la fama es un accesorio que le llegó con el tiempo, justo cuando ya no le importaba: “Nunca hice películas para ganar dinero ni fama, ni nada. ¿Cómo iba a ganar fama si casi me mataban, pues?”.
Es, precisamente, La Montaña sagrada y El topo, los que han sido reestrenados recientemente en sus versiones completas y restauradas, luego que el tarotista lograra zanjar un largo enfrentamiento con el productor Allen Klein –representante neoyorquino de John Lennon–, quien poseía los derechos de distribución de las mismas y las enlató cuando Jodorowsky se negó a filmar para él una versión de La historia de O de Dominique Aury. Recientemente esa antigua rencilla fue curada y sus cintas originales están de nuevo en circulación. En México, la distribuidora Tarántula Films las estrenó en festivales de cine como el de Morelia, en la Cineteca Nacional y ahora en cartelera, además de presentarlas en versión DVD –junto con Fando y Lis y el documental La constelación- con lo cual termina el férreo peregrinar clandestino de estas obras de culto. Y es pretexto para la siguiente entrevista:

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