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A simple lectura puede parecer una suma de biografías escandalosas de mujeres que arremetieron desde lo privado con los cánones victorianos de mediados del siglo XIX.
El autor, célebre por su libro El Salón Dorado, escarba sin duda en el mundillo de los secretos a voces de mujeres que reconocieron serlo o fueron consideradas (no es lo mismo) ninfómanas, adictas al sexo, libertinas. Putísimas en criollo de tablón.
Lo que trasluce en todo es que el tipo ni pone en tela de juicio ni trata de escandalizar con lo que cuenta (se dice que investigó muchísimo para escribirlo) sino que desde una posición antropológica -digamos- se encarga de reflejar las pacaterías y mandatos sociales. Arremete con los egoísmos y pulsiones personales en cada una de las líneas en las que va contando los embates de estas señoras: desde damas de la alta sociedad hasta sirvientillas engañadas que entregaron su flor por el amor de algún amo.
Wallace viene a decir algo así: la ninfomanía es casi un mito, un invento que culturalmente sigue poniendo a las mujeres en un rol pasivo frente a su pareja de turno. Un vivo bárbaro Wallace: descubrir qué pasa más allá de las apariencias.
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