El anfitrión Alan Pauls lo alabó como el mejor escritor contemporáneo que narra las escenas de sexo, un escritor convertido en un sociólogo-narrador que desentraña cotidianeidades con la profundidad de las existencias complejas. H sólo dijo: “Durante mucho tiempo escribí poco y a la final tuve que ponerme a trabajar, al mismo tiempo que me di cuenta de que la vida que yo llevaba no tenía ningún rastro en libros de mi época y escribí Ampliación del Campo de Batalla”.
Zoom al anfitrión. Pauls mira al señor H con respecto y le habla con un francés que provoca murmullos en la platea femenina. Pauls, defenestrado o adorado, catalogado como uno de los mejores escritores contemporáneos en español, chico codiciado en la universidad, existe. Lejos de los rumores que contaban que el ganador del Herralde se escondía en un seudónimo, el escritor de El Pasado está ahí, en cuerpo presente y escucha (¿tiene algo de sueño por el monocordio de Houellebecq?).
Antes de todo, en la conferencia de prensa, el señor H dijo algo así como “el amor está sobrevaluado. Si uno tiene ganas de ser libre no debe enamorarse. Cuando uno ama, pierde libertad. Incluso, cuando se está cerca de alguien que le preocupa, está atado”. Ajá. Y Pauls habla tan bien francés. “Uno sólo es libre cuando está solo”. Es cierto Houllebecq y pregunto yo: ¿Cómo hace la señora de Pauls para no ponerse celosa cuando él habla francés?

“Houellebecq actúa como un escáner implacable. Caracteriza universos, cataloga tipos, señala tendencias”, dice Pauls. El desencanto parece aparecer en todo el pensamiento de H: si hay amor, si no lo hay, en la compañía, en la soledad. En ser islamista, en ser mujer, en no ser blanco como dogmas de vida.
H dice: “Hay que evitar que desaparezcan las culturas locales”. Pero parece que cuánto más local se es y se parece, más invisible uno o muchos se vuelven. Los dogmas son, entonces, máximas que hacen soportable la existencia.
En un momento el francés asegura: “Hay que desarrollar el orgullo, ser muy concientes de que nosotros valemos mucho y que los otros no tanto y terminamos convertidos en los mejores”. Anoto Houllebecq, lo que sería algo así como una creencia del ser americano. Una conclusión inmediata: algo de eso debe de sentir la señora de Pauls para no perder su libertad
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