| La moda tiene mala prensa. La prensa de moda local es muchas veces mala. Su baja calidad radica en la obviedad del lenguaje (sólo descriptivo) y en la poca exploración temática. Sin duda es una disciplina particular, trata de vender y lo hace a través de un puñado de ilusiones que no tienen gollete. Esa es la moda de consumo, la masiva, la que sirve para que muchos billetes estén en movimiento. Moda es muchas cosas y no sólo se trata de ropa, aunque vale esa equivalencia porque es la más popular.
Moda = ropa, marcas, desfiles, revistas, shoppings. Todo muy reprochable, ahora, ¿qué pasa cuando la moda se investiga? ¿Qué sucede si se la relaciona con la cultura? Ni qué hablar si la hacemos semiótica o historicista. Ahí sí, se olvidan los reproches y se vuelve de repente interesante como ese ser humano que nunca dice nada piola y un día lo ves desde otra óptica y otro día te das cuenta de que tenía valores. Era sólo cuestión de dejar prejuicios afuera.
¿Y qué tienen que ver la moda, los prejuicios y su carácter interesante con Antonioni? Hay una película que reúne estos conceptos demostrando cómo un cineasta decide usar la moda para hablar de otra cosa y hacer de su film un éxito comercial poco comprendido. Blow up (1966) trata sobre un misterio que no se devela, no importa el desenlace, porque en ese film suceden cuestiones altamente filosóficas y paradójicamente todo huele a moda. Los aportes de Antonioni al mundo estético no están en esa película, aunque tenga vestuarios de diseño avant garde y modelos renombradas. Su contribución existe en otros films que desprenden toneladas de esteticismo y belleza única.
Blow up cuenta lo que le ocurre a un fotógrafo de revistas de los ’60 en el swinging London. Hay tres modelos icónicas: Verushka, la rubia eternamente linda; la morocha Peggy Moffit, por siempre rara, y la castaña Jane Birkin, otra belleza no perecedera. Hay más moda. El fotógrafo, Thomas, en la ficción, concentra las personalidades de tres colegas David Bailey, Brian Duffy y David Hamilton. Su look es rockeramente refinado, con jeans blancos, botas beat, camisas celestes y sello inglés similar al del hoy britpop Jarvis Cocker. Vanessa Redgrave hace de chica bien desprejuiciada, vestida con un pañuelo azabache al cuello, una pollera azul, cinturón, reloj negros y metálicos. Bastante poca ropa y mucha pose. El vestuario mezcla las características del contexto mod de los 60, la relación entre sexualidad y moda + un tímido estilo rockero. Lo que es evidente es la preocupación estética de Antonioni, no sólo en la fotografía y montaje, sino en la indumentaria y en los comportamientos corporales de cada uno de los personajes. Blow up ganó la Palma de Oro en Cannes (1967) y unos cuantos más, fue éxito comercial y casi nadie entendió de qué se trataba.
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