RCh > > ESPECIAL < < RCh | Discografía de Ellen Allien.
Electrónica para bailar en casa
POR E. GUEVARA
ENTRÉ A ELLEN Allien por el disco Fabric 34 (2007). No esperaba nada. La electrónica en disco (en cd, no en discoteca) no me atrae demasiado, salvo los casos obvios. Pero no sé por qué, quizá por el Allien de Ellen, me tenté. Y pasó algo raro. No pude dejar de escucharlo, de pensar en el viaje por esas quince pistas, de reconstruirlo en mi cabeza. Lo escuchaba, o lo sentía, incluso cuando me encontraba a kilómetros de él. Abre con s1(don`t believe...) de Schubert y cuando pasa a the sun can´t compares de Larry Heard presents Mr White, se empieza a subir. En la cocina, en el living, tecleando en la computadora, leyendo, en el baño, en el balcón, sin querer, alguna parte del cuerpo se va a mover, a dejarse llevar por Ellen. Mezclado analógicamente a partir de vinilos, es una selección de importantes djs, productores y músicos, que cubre todo el espectro de posibilidades. Driven de la holandesa Estroe estalla en el maravilloso tú y yo (pilas remix) de Damian Schwartz que abre al infinito y más allá: Don Williams, Melody Boy 2000, Artificial Latvamaki, Cobblestone jazz (proyecto de Matthew Jonson, remixero de Chemical Brothers y Moby), y subir volar moverse y cuando llega a Mutter de Roman Flugel, se sabe, llegó la hora de volver. Pero volver con Ellen es armónico, pacífico. Aaltovahie de aste-maan introduce, se mezcla, nada menos que con Thom Yorke y su desgarrador harrowdown hill. Y Ellen también puede hacernos esto. Traernos y conmovernos, mostrarnos que se puede estar arriba y abajo, y gozar igual. Qué reparador resulta encontrarse después del viaje con Thom. La misma Ellen se da el gusto de pegarse a él, con su just a woman, cómo no, como no mezclarse con el más tierno, sufrido y talentoso del mundo. Quedan tres o cuatro pistas para llegar al destino, bello y calmo. Estamos de vuelta y escuchamos, para cerrar, al gran Apparat (ubicado entre la ‘electrónica
inteligente’ y el pop) y su Arcadia, y hemos comprendido. Después de Fabric 34, crecimos: volamos, volvimos y ahora somos mejores. No lo dudé. Fui en busca del disco anterior de Ellen Allien & Apparat, Orchestra of Bubbles
(2006), y fue demasiado. Fue rendirse ante la evidencia de que la electrónica podía ser movilizadora como Los Beatles, el tango o el jazz. Sí, no exagero. Claro, es otra cosa. Y esta electrónica se disfruta plenamente en casa, se baila en el living o en la cocina. Turbo dreams, Retina (¿es un malambo lo que suena ahí?), Floating Points (esas voces y risitas histéricas), Do not break y sobre todo la maravillosa Way Out que Ellen incluyó en The Other Side - Berlin (2007) - CD/DVD que le encargo la empresa “Time Out”-, un recorrido por temas de grandes figuras del techno berlinés, como Ricardo Villalobos, Miss Kittin, Quarks, Plastikman o Terranova. Y Ellen elige empezar ese trayecto con su ídolo (por momentos, mío también): David Bowie canta Heroes, la canción que compuso con Brian Eno en 1977, en alemán, o sea canta Helden. No había opción. Tenía que seguir a Ellen. Y fui más atrás, para descubrir en cada disco que tiene un poder. Un poder que seduce, moviliza, repone, cura. Te hace reír. Sino, a revisar Thrills (2005), y la espectacular Washing machine is speaking (exactamente eso), The brain is lost o Your Body is my body. Una zapateada canción de Apparat llamada Cheap Thrills parece anticipar a este alucinado disco, desde otra de las compilaciones imperdibles de Ellen, My Parade (2004), que se sumó a otra anterior, Weiss Mix (2002). En el medio, edita su rarísimo y ya mítico Berlinette (2003), electrónica inclasificable, con canciones (la mayoría en alemán), donde su voz llega y toca de forma extraña (por momentos, me hace pensar lo que Björk, no son criaturas de este planeta). Antes, al principio había sido Standtkind (2001).
En su my space, Ellen Allien escribió sus referentes y algunos, fueron o son míos también: Bowie, Simone de Beauvoir, Marlene Dietrich, Radiohead, David Lynch y el cielo, el gusto, el sonido, la mirada y la paz. ¿Cómo no querer a Ellen, como si se tratara de la hermana mayor que no tuve pero que hubiera adorado tener? Después de todo, yo soy otra de las chicas escépticas de los 70, que mitigo “los desfallecimientos del cuore y la falta de estímulos de este mundo decadente”, bailando. Aunque sea sola y en el living