¿La poesía ayuda a vivir?
Sí, sí. No tenga usted la menor duda. La belleza resuelve con felicidad las tensiones de la vida. Dolor, amor, alegría, soledad, esperanza, son asumidas, entonces, en un plano de reconocimiento y aceptación profunda: quizás el del “amor fati” nietzcheano, amor del hado, del destino. Si: en la poesía lírica resuena con un eco muy íntimo el antiguo sonido de esa palabra: destino.
El paisaje serrano que lo rodea, ¿es inspirador?
Si la poesía nace, al menos en parte, de la experiencia, de la vida vivida por el poeta, no ha de resultar extraño que la circunstancia de residir en las sierras de Córdoba haya influido sobre mi poesía. Pero no ha habido una búsqueda de “color local”. Como lo ha visto la crítica, el “tema de Córdoba“, por así llamarlo, se ha ido despojando de referencias anecdóticas hasta transfigurarse en imágenes dispersas en el texto de mis poemas. Imágenes que resultan, al fin, algo así como presencias angélicas, entidades simbólicas.
La ciudad tampoco permanece ajena a su poesía...
En verdad, como dijo Yeats, el poeta moderno es hijo – un hijo rebelde- tanto o más que de un lugar, de una época. Y no sería nada raro que el semblante de este tiempo problemático- quiero decir, su metáfora más representativa- coincida con el de una gran ciudad casi abstracta. Y pienso que debió suceder así porque, más que la escena de un conflicto, la ciudad constituye la entidad que lo origina y sostiene. En fin, una nueva versión del consabido abrazo polémico de la historia y la crítica…
¿Por qué eligió a Villa Dolores para vivir?
Por razones de arraigo familiar, de trabajo, y porque me siento muy en armonía con el paisaje serrano. Necesito el respaldo de la montaña, el vuelo de los pájaros al atardecer, la conciencia de retorno que da el vivir en un mismo sitio.
¿No se siente aislado en el valle?
Ante una pregunta similar, Robert Frost contestó una vez a Octavio Paz que “estaba en su cabaña no para renunciar al mundo sino para contemplarlo mejor”.

¿Qué nos puede decir acerca de la relación del poeta, de la poesía, con la sociedad, con nuestro tiempo?
Creo que la experiencia poética se muestra en nuestro tiempo como una experiencia solitaria, cada vez más solitaria: marginal. Pero también creo que el poema ofrece todavía un sitio de revelación y reunión. Como se ha dicho muchas veces, es el ser mismo del hombre que encarna en la palabra poética, y en el que ella se expone, redimiéndose, redimiéndonos, de la trivialidad, de un vivir sin imagen, culpable de ese fruto verde, o vacío que, según la metáfora de Rilke, el ángel desdeña en nuestra muerte. Solitario y solidario, el poeta ha de asumir la destrucción de su persona social para poder hablar desde la criatura inerme, de imaginación y deseo, que padece el hombre
nicotra en antología de la poesía argentina
nicotra en las afinidades electivas
nicotra en su ciudad
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