“La poesía debe insertarse en una tradición, debe ser continuación. Ruptura y continuación”
Como estudiante de primer año de Ciencias de la Información tuve el enorme privilegio de compartir momentos entrañables con Alejandro Nicotra en la intimidad de su hogar en Villa Dolores. Fue un domingo de primavera, día de descanso, por lo tanto sin tiempo ni prisa: momento propicio para el diálogo con reminiscencia, interioridad y revelación.
¿Cómo nació en usted la vocación poética?
El surgimiento de una vocación siempre resulta misteriosa, y más tratándose del llamado de la poesía. Puedo mencionar algunos hechos. En mi familia había cierta inclinación hacia las letras; por ejemplo, un primo de mi madre, Antonio Esteban Agüero, fue quizá el lírico más destacado de la “Generación del 40” en la provincia de San Luis. Por otra parte, cuando a los 10 años de edad debí realizar mis estudios fuera del hogar, el alejamiento del grupo familiar originó una fractura psíquica y ese vacío espiritual fue cubierto por los primeros versos.
¿La poesía entonces obró como medicina?
Así es, así es. Es muy común que la poesía surja de una especie de desacomodo, de una vacilación en la armonía del hombre con elmundo. Es una respuesta a una carencia o a una exorbitancia.

¿Guarda algún poema de su infancia?
No. De todo lo que he escrito a lo largo de mi vida, sólo restan los poemas publicados en libro. Los demás han sido ofrendados al fuego o al cesto de papeles. Hay que ser respetuoso con el tiempo de los hipotéticos lectores.
¿Cuál es la forma de llegar a la poesía hoy en día?
La de siempre. Abrir un libro de poemas con la actitud de quien va a aventurarse a una experiencia de revelación y placer. Una actitud de expectativa y entrega, al mismo tiempo. Claro que a veces el resultado puede ser insatisfactorio, por falla del poeta o del lector.
¿Por qué del lector?
Porque la apreciación de la poesía, como de todo arte, exige educación del gusto, trato asiduo, sensibilidad alerta. No se puede leer poesía como se lee un periódico. Hay que hacerlo con una suerte de silencio interior, de recogimiento. La auténtica poesía produce en el lector – en el buen lector- un encuentro con su propia existencia en un nivel superior, es estético, y tal conjunción no habrá de lograrse, claro está, sino en determinadas condiciones.

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